Por Jessica García Kihn

Los pobladores de Sumpango acuden, la tarde del 31 de octubre de cada año, al estadio de fútbol. Participan en una ceremonia maya, y cuando oscurece, dan inicio a la Lunada del Barrilete. Los artesanos despliegan sus obras de papel de china. Las colocan sobre cañas de castilla y bambú, sujetan la armazón con cáñamo y alambre de amarre, y se preparan para elevarlas al cielo.

Amanece. Es el Día de Todos los Santos y los visitantes empiezan a llenar las calles del municipio. Julio Asturias, presidente del Comité Permanente de Barriletes Gigantes, estima que Sumpango recibió 150 mil personas este año. “Los comerciantes venden en esta fiesta lo que venden en tres o cuatro meses”, advierte.

La tradición de confeccionar barriletes es antigua. Los abuelos del municipio cuentan que aprendieron de sus abuelos el arte de sobreponer papel sobre papel para crear colores y texturas. “Dicen que los frailes españoles escribieron sobre artefactos hechos con hojas de plátano que los pastores volaban mientras cuidaban las vacas”, añade Asturias.

Al igual que muchas otras manifestaciones culturales guatemaltecas, los barriletes son resultado del sincretismo entre las culturas. La costumbre cristiana de recodar a los santos y adornar las tumbas de los difuntos se mezcló con la cosmovisión maya. “Mis hermanos y yo nos reunimos en agosto para pensar en el tema. Investigamos, hacemos un diseño y luego empezamos a preparar los barriletes. Trabajamos todos los días, de 7 a 11 de la noche, durante tres meses”, explica Víctor Sulá, que junto con su familia integra el grupo Palot Espanta Espíritus.

La familia Sulá hizo este año un barrilete de cuatro metros de diámetro sobre la oración ancestral. Una abuela pide al dios Sol que proteja a su nieta del dios del inframundo, causante de la inseguridad y la violencia. “El año pasado hicimos uno en donde el inframundo destruía a la madre naturaleza: el agua, la tierra y el aire”, añade Sulá.

El Comité Permanente del Barrilete, organizador del festival, premia las mejores obras en tres categorías. La A es corresponde a las obras de 10 a 15 metros de diámetro; la B, a las de 4 a 6; y la infantil. “Fomentamos la tradición en los niños para evitar que se pierda. Cada año participan alrededor de 2,600 artesanos. Un barrilete de más de 10 metros de diámetro cuesta unos Q44 mil”, indica Asturias.

Bantrab reconoce el trabajo y dedicación de los artistas de Sumpango. Es por ello que exhibirá algunas de las obras del grupo Palot Espanta Espíritus en el lobby de sus oficinas centrales, del 7 al 23 de noviembre.